Por una sociedad más justa – Editorial CALI 24 HORAS

Colombia es un país con inmensas desigualdades económicas. La brecha, en lugar de estrecharse, se amplía y las diferencias sociales contribuyen a que se siga acrecentando la inaceptable discriminación.

Unas pocas personas tienen tanta riqueza como la mitad más pobre de Colombia. Y es un fenómeno no solo de nuestro país; es un fenómeno que se repite en todos los países del mundo.

El desproporcionado poder económico de esas pequeñas élites les otorga una influencia en la vida política de los municipios, de los departamentos y del país, hasta el punto de llegar a imponer sus criterios sobre las decisiones de orden político y sobre las que no deben tenerse en cuenta.

Ni que hablar de los medios de comunicación que son cooptados por quienes detentan el poder político. Ya hacen parte del paisaje, los contratos de prestación de servicios que otorgan los gobernantes de turno a quienes opinan en los diferentes medios de comunicación o son sus propietarios.

Y los ciudadanos, o desconocen el manejo de lo público o se desentienden dedicándose a la defensa de sus propios intereses, dejando que sea manejado como bien consideren quienes a esa actividad se dedican.

Por ello los niveles de abstención en las jornadas electorales son cada vez más altos, lo que permite que una pequeña franja de población termine decidiendo por una mayoría que mira con displicencia lo que considera es el mundo de la corrupción galopante donde solo se saben mover los que participan activamente de la vida política en sus diferentes niveles.

En nuestro país, varios momentos de luz roja se han encendido como alerta para despertar del letargo; la anterior fue en noviembre de 2019 por las mismas razones que por poco acaban los terroristas con la ciudad en los pasados tres días.

El efecto devastador que está causando en nuestra economía, la presión de las entidades calificadoras de riesgo a que tienen sometido el Gobierno para responder a tal cúmulo de exigencias, que se ve obligado a recurrir a medidas que levantan al pueblo, por no tener cómo responder por el pago de más cargas impositivas.

Es allí donde empieza a aparecer la política del miedo y el resentimiento. Estamos enfrentados a dos visiones, muy diferentes la una de la otra, que compiten por ganar el mayor número de ciudadanos.

Por ello creemos en promover una idea de igualdad, justicia, libertad y democracia. Somos del criterio que un país regido por esos principios puede avanzar más fácilmente hacia la paz verdadera y más cooperación y solidaridad en busca del bien común.

Desde estas páginas lucharemos por una sociedad más próspera, con mejor nivel de vida y mayor grado de satisfacción entre nosotros mismos, para estar cada vez más cerca de un ideal liberal progresista.

Como lo enseñó Nelson Mandela, a quienes creemos en la justicia social, en la libertad y en la democracia, vamos a tener que luchar más para reducir las desigualdades y promover unas oportunidades económicas duraderas para todos.

A lo que si no le jugaremos jamás será a la desinstitucionalización del país, a la búsqueda de deslegitimar un gobierno democráticamente elegido y menos, a la desobediencia civil.

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