Gobierno Biden: 100 días de cambios en Estados Unidos

Rompiendo con la tradición neoliberal con que el Gobierno de los Estados Unidos maneja las finanzas y el gasto público desde 1981, cuando el expresidente republicano Ronald Reagan acuñó su famosa frase: “En esta crisis, el gobierno no es la solución a nuestro problema, el gobierno es el problema”, teoría que fue ratificada en 1996 por el expresidente demócrata Bill Clinton al sentenciar que “la era del Gobierno grande ha terminado”, Joe Biden va por el camino contrario.

Casi 40 años después de la frase de Reagan que marcó una época, Biden dio un discurso histórico ante el Congreso. El mandatario, que llega a sus primeros 100 días con una aprobación del 55 % y una imagen negativa del 41 %, también dejó una postal para el recuerdo al aparecer, y es la primera vez que esto ocurre, flanqueado por dos mujeres, Kamala Harris, su vicepresidenta, y Nancy Pelosi, quien preside la Cámara de Representantes.

Medir los primeros 100 días de un Gobierno es importante para los estadounidenses desde que Franklin Delano Roosevelt propusiera grandes cambios sociales y económicos para afrontar la Gran Depresión a principios de su Administración en 1933.  El ‘New Deal’, como se conoció su plan de rescate, que fue adelantado por el Gobierno Federal, ofreció soluciones a los graves problemas que afrontaba Estados Unidos, pero aumentó el gasto público del país.

Biden usó los primeros 100 días de su presidencia para mostrar una ambición profundamente transformadora que apuesta al retorno del “gobierno grande”, una expresión prohibida en la política interna hasta hace unos años. Pero la pandemia del coronavirus y el traumático año que recorrió Estados Unidos –más de medio millón de muertes por el virus, el asesinato de George Floyd, las protestas raciales, los tiroteos en alza y el fin de la presidencia de Trump– llevaron al presidente demócrata a reformular sus planes y a diseñar, junto a su equipo, un gobierno que parece decidido a gastar lo que sea necesario para “reconstruir mejor” el país.

“Estados Unidos se está moviendo hacia adelante y no podemos parar ahora”, fue una de las primeras frases con que Biden, defendió la importancia de sus ambiciosos planes de protección social e inversión en infraestructura, valorados en casi US$6 billones, que, si son aprobados, permitirán la mayor expansión del estado del bienestar en las últimas décadas.

Haciendo referencia a inversiones científicas como el desarrollo de la vacuna contra el covid-19, el presidente explicó su postura de incrementar el gasto estatal: “Esas son las inversiones que hacemos juntos, como un solo país, y que solo el Gobierno está en condiciones de realizar”.

El demócrata, que tomó las riendas del país en un tiempo insólito y crítico con enormes retos, decidió lanzar un paquete de estímulos y reformas estructurales de gran calado social: en marzo consiguió aprobar un plan de rescate de US$1,9 billones criticado por los republicanos como excesivo; luego presentó un plan de obras de infraestructura por US$2,3 billones y este miércoles, aprovechando la cita con los estadounidenses (el discurso es televisado a toda la nación) y sus legisladores, presentó un nuevo programa para apuntalar la educación, el cuidado infantil y la licencia familiar pagada, dirigido a las familias y que amplía la educación pública, por otros US$1,8 billones.

Vacunación masiva, el mayor acierto

Además de este enfoque, la Administración Biden impulsó otros temas en la agenda del país como la reforma migratoria, recuperar las relaciones internacionales con los países aliados y acabar con el racismo sistemático a través de una reforma a la justicia. 

Pero tal vez el logro más destacado haya sido el manejo sanitario y el ritmo de vacunación alcanzado. “Nuestro progreso en los últimos 100 días contra una de las peores pandemias de la historia es uno de los mayores logros logísticos que nuestro país haya visto”, dijo.

Cuando Biden llegó a la Casa Blanca, Estados Unidos tenía cerca de 195.000 casos nuevos de covid al día y cerca de 3000 muertos cada 24 horas. Hoy, los casos son cercanos a los 57.000 al día y la tasa diaria de muertos es casi de 700.  Cifras altas, pero que según oficiales de la administración de Biden han mejorado en gran parte por el plan de distribución de las vacunas por parte del Gobierno. 

La Administración de Biden heredó de Trump el programa de vacunación ‘Operación Wasp’ que tenía muy adelantada la distribución y había asegurado las dosis suficientes para que cada estadounidense tuviera su vacuna. De hecho, cualquier estadounidense que quiera ponerse la vacuna encontrará una disponible. Accesibilidad que ha llevado a que cerca del 42 % de la población tenga al menos una dosis y cerca del 30 % ya esté vacunada completamente. Cifras que han permitido flexibilizar los protocolos sanitarios y el porte de máscaras.

Biden cumplió con 5 de las 8 promesas de campaña en temas relacionados con salud y pandemia. Aprobó el plan de rescate que financiaba el plan de distribución de las vacunas, ordenó el porte obligatorio de mascarillas en suelo federal, algo a lo que se negó su antecesor, vacunó a más de 100 millones de personas en sus primeros 100 días de Gobierno, cifra que después subió a 200 millones, e instaló centros de vacunación móvil en el país.

Pese al esfuerzo, uno de los retos que sobrevienen para Biden es administrar las próximas 200 millones de dosis necesarias para alcanzar la anhelada inmunidad de rebaño. Millones de estadounidenses están reacios a ponerse la vacuna y la polarización política no ayuda para aumentar la tasa de vacunación.

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