¿Es verdad que la gente no cambia?: Columna María C. Pinzón

Cambiar por completo no es posible, es posible cambiar hábitos y algunos rasgos de personalidad, pero todo no, porque nacemos con un temperamento y a partir de él empezamos a tener experiencias y pensamientos que van formando nuestra personalidad, y eso se va matizando en el tiempo con otras experiencias y relaciones que vamos a ir teniendo.

Las personas hacen cambios o para acercarse al placer, por ejemplo, empezar a comer bien para sentir el gusto de verse la ropa como les queda bien de nuevo, o para alejarse del dolor, por ejemplo, cuando dejamos una mala relación con alguien porque es más lo que sufrimos que lo que la pasamos bien, el dolor como motivante del cambio es el más común porque muchas veces hasta que no nos duele de verdad alguna situación o no tocamos fondo no tomamos la decisión de cambiar.

Pero cuando las personas no logran cambiar, generalmente es porque tienen alguna ganancia secundaria con su comportamiento, por ejemplo, las personas que fuman por más que observan que lo está haciendo en exceso y les preocupa, no lo dejan porque les ayuda a contrarrestar la ansiedad que sienten por alguna situación en particular. O no logran cambiar porque no están cambiando por ellos mismos, sino por complacer a los demás, otros no cambian porque de entrada dicen que es imposible hacerlo y si de entrada tienes esta creencia, pues va a ser imposible, porque lo que pensamos tiene un fuerte peso en nuestra voluntad. Y finalmente, otros no cambian porque, aunque puede que inicien el proceso piensan que el cambio debe darse muy rápido y de la forma que ellos quieren, así que cuando no ocurre así, se frustran y abandonan, porque piensan que los cambios deben ser totales o no sirven.

Con todo esto, a veces nos vemos en la encrucijada de no saber si le damos al otro la oportunidad de cambiar, y es ahí cuando te pregunto: ¿Si la persona está dispuesta a corregir su error y lo reconoce por qué no darle la oportunidad? Al menos una vez no estaría mal, el problema ocurre cuando te vas al extremo de creer que todo el mundo puede cambiar por el solo hecho de tener la voluntad; ten cuidado, te puedes frustrar, puedes permitir que las personas te hieran una y otra vez y porque hay cambios que requieren un proceso sicológico y también un tiempo, no se dan tan rápido, debes determinar cuánto tiempo puedes esperar. Así que no hay que irse al extremo de pensar que nadie puede cambiar ni que todo el mundo puede cambiar con solo quererlo.

¿Pero, qué hacer si una persona que quieres necesita cambiar, pero no quiere?, lo mejor es especificarle en conductas que es lo que quieres que cambie porque es muy distinto decirle: “Me gustaría que cuando estuviéramos discutiendo y te enojas no azotes la puerta”, que decirle que deje de ser tan explosivo; y si pese a eso ves que la persona no cambia, pregúntate más bien:

¿Qué te hace pensar que esa persona quiere cambiar lo que tú quieres que cambie? Y en caso que sí lo quiera cambiar ¿Qué te hace pensar que tú eres la persona indicada para acompañar a esa persona en un proceso de cambio? No necesariamente esa persona va a poder ver lo que tú ves, y aun viéndolo no es fácil que lo cambie.

Querer cambiar a un ser querido muy cercano es difícil, porque sabemos que a mayor grado de cercanía se percibe, por parte del otro, más influencia sobre él, por lo tanto, sus defensas se activan con más fuerza, por lo que decirle al otro que cambie, cuando es muy cercano a ti, solo va a generar resistencia, conflicto y un cambio negativo en la calidad de la relación. Conviene más que ofrezcas tu punto de vista sin imposición y tú también ir ajustando el tuyo, porque si tú estás viendo que el otro está haciendo algo que te lastima y sabiendo el otro que te lastima, no hace nada para cambiarlo, entonces la decisión es tuya, si te quieres quedar ahí o tomas un rumbo diferente, ya que el otro no quiere cambiar.

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